La urgencia de la actitud filosofica

– Argenis Gonzalez

La captura[1] de Nicolás Maduro a inicios del año desató un debate político intenso entre los periodistas, creadores de contenido, políticos y gente de a pie. La posición de los sectores de derecha es de apoyo a la captura, sosteniendo que el narco-gobierno dictatorial del venezolano oprimía al país entero coartando las libertades de sus ciudadanos; por otra parte, la izquierda argumenta que la elección del presidente fue democrática y soberana, y que la captura viola todo precepto de derecho internacional, además de que, lejos de liberar al pueblo venezolano como se promete, es una decisión basada en intereses geopolíticos americanos. Fue el tema más buscado en Google Trends y trending topic en X. Las redes sociales se llenaron de contenido tanto a favor como en contra, como si el debate político fuera bidimensional.  

En México, por otra parte, la cámara de senadores aprobó por unanimidad la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales que también generó un debate dividido en dos bandos: la derecha representando el interés empresarial -que sostiene que la reducción de horas es perjudicial a la economía nacional – y la izquierda el social -la cuál afirma que ejemplos de países que trabajan menos horas presentan mayores índices de productividad. La cantidad de opiniones de analistas, empresarios, periodistas y creadores de contenido fue abrumadora.  

En la era de la información[2], donde su distribución se hace de forma masiva e inmediata, los informados consumen las noticias aunque no las hayan buscado. El estar informado se convierte en imposición. La condición se agrava cuando se toma en cuenta el señuelo que lanza el algoritmo de redes sociales para mantener al informado informándose; el inevitable final es caer en una cámara de eco[3].  

El pensamiento crítico no se fomenta en estas cámaras de eco y mediante olas de información. A diferencia de lo que se creía hace mucho tiempo, el que la información esté al alcance de la mano no necesariamente ha hecho individuos más críticos. La información no es objetiva; es desviada por los intereses editoriales y los sesgos personales. En esta coyuntura, las herramientas otorgadas por las ciencias sociales y la filosofía sirven para esclarecer la nube de información, noticias, memes, comentarios de analistas, y posiciones de políticos.  

Los filósofos es el nombre bonito para el club de los subversivos a lo largo de la historia. Sócrates fue condenado a muerte por el gobierno, Diógenes incomodaba con su irreverencia y amoralidad, Giordano Bruno quemado vivo por sus creencias que retaban a la iglesia, Rousseau y Descartes usaban pseudónimos para no ser perseguidos, Marx murió en la pobreza despúes de ser exiliado de 3 países por sus ideas revolucionarias, Hannah Arendt sufrió fuertes críticas por parte de la comunidad judía por sus opiniones. Hacerles frente a las ideas dominantes ha sido una constante en las grandes figuras de la filosofía.  La actitud filosófica, sin embargo, no debería solo limitarse a conceptos de Kant, Nietzsche o Platón, las ciencias sociales en general hacen que muchas de las ideas abstractas de filosofía tomen un lugar real en el mundo. No es lo mismo cuestionar las razones de la guerra contra Irak a partir de la deontología de Kant, que hacerlo desde una perspectiva geopolítica, o histórica.

Hoy en día, esta actitud filosófica es de gran ayuda para defendernos contra el masivo ataque de la sobreinformación. No es necesario hacerse experto en filosofía o ciencias sociales para poder desarrollar esa actitud; no quiero que se malentienda mi mensaje como academizante. Lejos de pensar en estudios formales o terminar de leer obras de metafísica de 400 páginas, la actitud puede comenzar a desempeñarse desde ahora mismo. Sócrates, el actor filosófico por excelencia – cabe resaltar que no podemos decir de ninguna forma que Sócrates ‘estudió’ filosofía o historia- pregonaba que el conocimiento real se llegaba a partir del diálogo, así se contrastaban ideas y se lograban síntesis que llevaban a un saber más elevado.

Las herramientas que las ciencias sociales y la filosofía nos facilitan son nuestra mejor arma para no caer en cámaras de eco, manipulación editorial, y populismo político. Es muy sencillo caer presa de la (des)información.

[1] El gobierno venezolano y simpatizantes prefieren usar la palabra ‘secuestro’. El argumento se fundamenta en la violación de la soberanía venezolana y la incapacidad legal de los Estados Unidos para detener individuos en terreno extranjero donde no cuenta con ningún tipo de jurisdicción. Es mas que clara la instrumentalización del lenguaje a partir del sesgo político.
[2] Manuel Castells desarrolla en profundidad este término en su obra La era de la información, economía, sociedad y cultura. Según el, la nueva forma de poder y organización social se basa en la creación, procesamiento y distribución de la información. Yo me atrevería a decir que también se basa en su manipulación.  
[3] Un entorno digital en donde los individuos solo ven, escuchan, y refuerzan ideas parecidas a las propias, lo que reduce la exposición a puntos de vista distintos y puede intensificar la polarización.
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